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Vol. 15 No. 1
©Derechos de autor reservados 2013

Reseña del libro The Quest for Quality:
Promising Innovations for Early Childhood Programs
(La búsqueda de la calidad. Innovaciones prometedoras para programas de cuidado y educación infantil)

Dawn Thomas
Universidad de Illinois en Urbana-Champaign


Título:
The Quest for Quality: Promising Innovations for Early Childhood Programs
Autoras: Patricia M. Wesley & Virginia Buysse (editoras)
Editorial: Paul H. Brookes
ISBN: 978-1598570861, Páginas: 224, Fecha: 2010



La palabra “búsqueda” se define como la misión de hallar o conseguir algo. Cuando empecé a leer The Quest for Quality: Promising Innovations for Early Childhood Programs (La búsqueda de la calidad. Innovaciones prometedoras para programas de cuidado y educación infantil) de Patricia M. Wesley y Virginia Buysse (editoras, 2012), me sorprendió la selección de “búsqueda” en el título, ya que me parecía melodramática. Sin embargo, ya para terminar de leer el libro, me encontraba en una persecución implacable de respuestas a las preguntas mías que emergían mientras leía, a saber, ¿cómo encaja mi estado (Illinois) con esta búsqueda de la calidad? ¿Y por dónde encajo yo?

Wesley y Buysse dejan claro que la búsqueda o persecución de la calidad en programas de cuidado y educación infantil puede ser difícil y llevar mucho tiempo. También dejan claro que la búsqueda puede valer la pena y ser provechosa en el sentido de posibilitar la provisión del tipo de servicios infantiles que yo (al igual que los contribuidores a este libro) creo que todos queremos para los niños pequeños. Las editoras se enfocan en el sistema de cuidado y educación infantil en su totalidad en vez de enfocarse en sus componentes, lo cual ofrece lo que Mitchell llama en la introducción del libro un “panorama magnífico del bosque y su ecología” (pág. xiii). Cada una de las autoras contributivas, todas de las cuales son investigadoras en educación bien conocidas, trata una cuestión de la primera infancia o dificultad hallada en la búsqueda de la calidad. Cada autora usa un gran angular para captar la historia y el historial que forman el contexto de cada cuestión, y así presenta una parte del cuadro. Aunque se presentan las dificultades por separado en cada capítulo, se evidencia la interdependencia de cada parte.      

El marco que ofrecen las autoras para la búsqueda de la calidad en programas infantiles consta de cuatro temas:

Wesley y Buysse estructuran tanto el libro como su búsqueda de la calidad en la primera infancia al examinar cada tema y ofrecer maneras de cerrar las brechas en la práctica del cuidado y educación infantil.

El campo de la primera infancia carece de una definición universalmente aceptada de la calidad de programas. Si yo encuestara a varios individuos del campo, cada uno más probablemente propondría algo diferente en cuanto a lo que significa para un programa ser “de calidad”. Sus definiciones podrían incluir características que varían desde la proporción de cuidadores a niños, las cualificaciones de los maestros y el ambiente físico y emocional hasta el tipo del currículo y la implementación de dicho currículo.

Aunque generalmente se acepta la calidad alta de programas como un apoyo del desarrollo óptimo de los niños, son difíciles la medición, la evaluación y la regulación de la calidad cuando las definiciones de la misma son inconsistentes. Wesley y Buysse ofrecen para discutirse dos dimensiones de la calidad de programas: la calidad del currículo y la enseñanza intencional (es decir, planificar e impartir la instrucción), y la calidad de tales aspectos estructurales del programa como el ambiente físico y las cualificaciones y la compensación de los cuidadores. La consideración de estas dos dimensiones expone las brechas en la capacidad del campo de definir y medir precisamente la calidad, y recalca la necesidad continuada de tratar los cuatro temas que identifican las editoras como esenciales para el futuro del cuidado y educación infantil.

Las autoras contributivas presentan seis brechas, o disparidades, cada una de las cuales perciben que resulta en la desigualdad y la inconsistencia. Es importante notar que dichas brechas no existen en aislamiento, sino que están inherentemente entrelazadas una con la otra. La primera disparidad es que las dos dimensiones identificadas de la calidad de programas (el currículo o la enseñanza intencional, y los aspectos estructurales) no son suficientes para situaciones que implican la enseñanza y el trabajo con niños que tienen discapacidades (Buysse and Hollingsworth, 2009). La segunda es que el campo de la primera infancia tiende a desatender la evaluación precisa del grado hasta que las prácticas docentes sean de calidad baja o alta. Irónicamente, se considera que estas prácticas instructivas son importantes para la verdadera determinación de la calidad del programa. La tercera brecha es que el campo carece de una medida válida de la habilidad de los maestros de planificar, organizar e implementar la instrucción para todos los niños, además de su habilidad de dar apoyos adicionales para los niños que los necesiten. La cuarta y la quinta de las brechas identificadas reflejan una falta sistemática relativa a la evaluación de los grados de habilidad docente. El campo no es capaz de evaluar claramente si las universidades y otros institutos post-secundarios preparan adecuadamente a los maestros para su trabajo. También es difícil tratar las necesidades que tienen los maestros del desarrollo profesional continuo, lo cual puede dejar una discrepancia amplia por toda la nación en cuanto a la calidad de los maestros y los objetivos con que tratar la calidad de programas para niños pequeños. La sexta y última de las brechas identificadas en la habilidad del campo de definir y medir la calidad de programas se hallan en la necesidad de reflejar los valores sociales y culturales en las conceptualizaciones de la calidad conforme avanza el tiempo.

Estas inconsistencias en el cuidado y educación infantil no son desconocidas entre las personas que trabajan y hacen investigaciones en el campo. Las cuestiones que emergen naturalmente de estas brechas en la evaluación de la calidad de programas han llevado a un énfasis aumentado en la regulación y la administración, el desarrollo de sistemas estatales y locales de tasaciones y apoyos de calidad, y preguntas adicionales sobre cuestiones como la organización de ambientes en las clases y la función de la instrucción formal en comparación con las perspectivas constructivistas que enfatizan seguir la iniciativa de los niños.

The Quest for Quality ofrece al lector discusiones bien desarrolladas y equilibradas de los sistemas de evaluar y mejorar la calidad (QRIS, según sus siglas en inglés) que una mayoría de los estados del país están adoptando, y del movimiento de pautas del aprendizaje temprano que, según notan Wesley y Buysse, crea una base para “asegurar la programación de alta calidad por toda la diversidad amplia de programas de cuidado y educación infantil” (pág. 69). Las autoras contributivas atraviesan el espectro de la primera infancia, lo cual permite al lector una mirada detallada del desarrollo de los QRIS y las pautas de aprendizaje, con la inclusión de las expectativas, las dificultades y los factores contextuales que han influenciado el desarrollo y la implementación de cada uno por toda la nación.

En una discusión tanto sencilla como profunda, The Quest for Quality presenta un cuadro fragmentado de la primera infancia en los Estados Unidos. Las autoras contributivas lamentan no sólo la falta de uniformidad en las definiciones de la calidad de programas, sino también la ausencia de una definición compartida para el desarrollo profesional, desde oportunidades antes de y durante el empleo hasta la asistencia técnica. Esto, sostienen Wesley y Buysse, contribuye a una “falta de una visión compartida de las maneras más efectivas de organizar e implementar el desarrollo profesional” (pág. 11). Asimismo, tratan el impacto de no tener políticas federales que unifiquen y apoyen el desarrollo de un sistema completo de la primera infancia, empezando con programas locales y alcanzando el desarrollo de políticas al nivel más alto.

Se enfatizan tres cuestiones relacionadas con esfuerzos de políticas estatales y federales que debería considerar el campo de la primera infancia, tanto para el presente como para el desarrollo futuro: (1) la responsabilidad en el uso de fondos federales y estatales; (2) la definición de lo que constituye la calidad; y (3) una fuerza laboral de alta calidad. Las autoras contributivas Rous y Townly enfatizan la necesidad de reforzar los apoyos que deben tener los programas locales y los estados para poder lograr un sistema integrado de servicios para niños pequeños, y citan el “cambio gradual de un enfoque en proveerles el cuidado a los niños a un enfoque en apoyar su crecimiento y desarrollo” (pág. 175).

Creo yo que la gente del campo busca comprender mejor los componentes separados, y a veces aparentemente independientes, que forman el cuidado y educación infantil. Es fácil en esta búsqueda dedicar toda la atención a las partes disparadas en lugar de ver el cuadro entero. La decisión, como la expresan poderosamente Wesley y Buysse, es que o el campo sigue en el camino “en que avanzamos lenta y continuamente para mejorar lo que actualmente está en funcionamiento, o progresamos hacia la innovación a fin de producir resultados más dramáticos y cambios fundamentales en nuestro modo de conceptualizar y apoyar la calidad de programas” (pág. 197). Wesley y Buysse sostienen que éste es un “momento decisivo” para el campo de la primera infancia, y proponen adaptar el marco de la búsqueda de la calidad y las discusiones relacionadas a los términos de la teoría de la innovación disruptiva descrita por Christensen y sus colegas (2008).

Según la teoría da la innovación disruptiva, los programas y organizaciones trabajan en mejorar los productos y servicios que ofrecen. Cuando las mejoras encuentran resistencia (de cualquier número de factores), la teoría de la innovación disruptiva intenta cambiar la perspectiva de una de restringir el mejoramiento a una de permitir el mejoramiento al percibir el cambio como fuerza positiva en vez de negativa. Aunque se ha empleado principalmente en el contexto comercial, los investigadores están empezando a examinar esta teoría en relación con la educación. Es de interés que este libro concluye con esta descripción bastante breve de la teoría da la innovación disruptiva. Justo cuando pensaba yo que entendía bien por dónde iban las autoras en esta búsqueda de la calidad, me sorprendió esta propuesta para reformular nuestra manera de percibir las dificultades en el campo de la niñez temprana. Me di cuenta que lo que había pensado que sería un resumen seco pero iluminador del libro entero era todo menos eso. Wesley y Buysse concluyen desafiando al lector a volver a pensar en las influencias disruptivas y los cambios que han ocurrido en la educación durante la última década, como por ejemplo el estreno del libro From Neurons to Neighborhoods (De neuronas a vecindarios) (Shonkoff y Phillips, 2000) y el movimiento de la práctica basada en evidencia. Parecen retar al lector a imaginar maneras de que las disrupciones, o sea los cambios bastante sustanciales, en el campo puedan tener un impacto positivo en avance del campo de la primera infancia en lugar de percibir los cambios como algo que temer o evitar.

Como lectora, me hallé con la curiosidad de saber más del sistema infantil de mi propio estado, o de la falta del mismo. Me di cuenta que, aunque entendía tales piezas del rompecabezas en Illinois como las tasaciones QRIS, las normas de aprendizaje para bebés y niños muy pequeños y la revisión de las pautas estatales del aprendizaje y desarrollo infantil, no estaba totalmente segura de cómo encajaba cada pieza para formar el cuadro entero del cuidado y educación infantil. The Quest for Quality recalca la necesidad de buscar la calidad en el cuidado y educación infantil desde el programa local hasta el nivel nacional, pero llevó a esta lectora a un lugar en donde se hizo importante ver el “bosque de la niñez temprana” en mi estado natal en vez de simplemente los “árboles” que componen las partes separadas y a veces inconexas de la provisión de servicios para niños pequeños.    

Referencias

Buysse, Virginia y Hollingsworth, Heidi L. (2009). Program quality and early childhood inclusion: Recommendations for Professional Development. Topics in Early Childhood Special Education, 29(2), 119-128.

Christensen, Clayton M.; Johnson, Curtis W. y Horn, Michael B. (2008). Disrupting class: How disruptive innovation will change the way the world learns. New York: McGraw Hill.

Shonkoff, Jack P. y Phillips, Deborah A. (Eds.) (2000). From Neurons to Neighborhoods: The Science of Early Childhood Development. Washington, DC: the National Academies Press.